Cuidado extorsión canina!!!!

Se perdió tu mascota? Crees que encontraste la mascota de alguien? Anúncialo aquí!!

Cuidado extorsión canina!!!!

Notapor fernando » Sab Jul 24, 2010 5:58 pm

Autor: Jime_Wee ¡Muchas gracias!!!!

Este aviso es para alertar a las personas que acaban de perder un perrito acerca de las extorsiones de las que pueden ser víctimas, éstas personas se aprovechan de la situación y de los sentimientos de las personas hacia sus mascotas extraviadas. La extorsión se lleva a cabo por medio de chantajes y mentiras, diciendo que la persona en cuestión encontró al perro y pide dinero para trasladarlo o para recuperar los gastos que causó. Fingen que no les importa el dinero de la recompensa y que actúan de “buena fé”.

Algunas maneras de detectar las extorsiones son:

:!: Las personas no viven cerca de donde se perdió el perro y tienen que “enviar” al perro, para pedir el depósito adelantado.

:!: Chantajean a las personas diciendo que sus hijos, primos, nietos ya se encariñaron con el perro y que si no hacen la transacción rápida ya no lo van a regresar.

:!: Se ponen incómodos cuando les piden fotos, datos, o alguna referencia que no está en los carteles. A una persona decente con el deseo de regresar al perrito a sus dueños lo haría sin problemas.

:!: Piden que primero se deposite el dinero antes de mandar al perro.

Para no caer:

:idea: Pide una prueba muy específica y que no venga en los anuncios, algo como un diente roto, una mancha y hacerlo de manera inteligente, que es preguntar por señas físicas que NO tiene el perro, como por un lunar en la panza que no tiene o un tatuaje, etc... de esa manera se sugestiona al individuo a creer que el perro tiene esa marca y sólo una persona que de verdad tiene a tu perrito puede identificarlo.

:idea: Las fotos que generalmente mandan son fotos sacadas de internet de algún perro parecido. Si las personas en cuestión acceden de mandarles foto, pidan varias fotos además de la foto completa, como la foto de su pata izquierda o de su nariz, cola, panza o alguna foto que contenga algo que es distintivo y que puede ayudarles a saber que de verdad es su perro. Si se niega a mandarles fotos, es porque algo esconde.

:idea: No se dejen guiar por los sentimientos, generalmente estas personas dicen “es que mis hijos ya se encariñaron con el perro”, una persona decente que habla para regresar a un perro no trataría de chantajear al dueño de esa manera. Esto es para que la persona trate de pagar la recompensa o el traslado de su perro lo más rápido posible.

:idea: Una persona decente, no duda en regresarte a tu perro personalmente, si la persona en cuestión se muestra dudoso de entregar al perro en persona e inventa pretextos para mandarlo a fuerza por envío, cuidado!!!

:idea: Si dice que vive lejos y te dice que lo manda por camión, duda, pregunta en qué línea de autobuses, que día, que te mande por correo o por mensaje de celular el pedido de envío y de preferencia dile que tu vas directamente por él. Si se niega o inventa que se va a ir a otro lugar, sospecha y dile que lo deje en una protectora, en una pensión canina u otra alternativa y que tú lo recoges después. Si se niega, abre bien los ojos porque estás enfrente de una extorsión.

A continuación un caso real de extorsión para que puedan ver cómo operan estas personas:

Miércoles 22 de julio de 2009
Historia de una extorsión canina
Awi es una perrita pastor alemán que por descuido se le perdió a su entrenador el pasado 20 de enero cuando la llevaba de regreso a su hogar. Esto sucedió en la carretera libre México-Cuernavaca a la altura del pueblo de Parres. A partir de ese momento y durante varios meses se realizaron diferentes tareas con el fin de encontrarla (ir de inmediato a buscarla, aunque era ya de noche, hablar día tras día con personas cercanas al lugar donde se perdió, ir casi de casa en casa preguntando, indagando, pegar carteles en el lugar, registrarla en páginas WEB que dan servicio para mascotas perdidas,etc.) Los dueños de Awi, naturalmente lamentaron mucho su pérdida, ya que no pudiendo concebir hijos propios por causas fisiológicas, consideraban y amaban a Awi como a su hija y por ello, la buscaron incansablemente. Ofrecieron, por otra parte, una recompensa en efectivo, dentro de sus posibilidades económicas.
Hasta la semana pasada no había habido ninguna noticia.
Con sorpresa, el pasado sábado 18 de julio (a casi 6 meses del extravío), la dueña de la perrita, estando reunida con su familia, recibió dos mensajes escritos a su celular, cuyo número se había puesto en la propaganda repartida, un mensaje llegó a las 7:48 PM y otro a las 7:55 PM. Ella sólo los leyó más tarde. Estos decían: “Sra. (nombre de la dueña), encontré a su pastor alemán, márqueme por favor. Doctora Paz”. La dueña no podía creerlo, parecía que por fin todo el trabajo por encontrar a su perrita había dado frutos. Inmediatamente, desatadas la esperanza y la emoción, como a las 9:00PM, marcó el número que aparecía en la pantalla de su celular (868-195-50-02). Contestó un hombre mayor, con voz que parecía ser de una persona seria y humilde, diciendo que era el esposo de la señora que había llamado por teléfono. La conversación fue algo similar a lo siguiente:
–Habla la persona que perdió la perrita.
–Uy, sí pero eso fue hace mucho tiempo…
–Pero la llamada la recibí hoy. Era de una mujer llamada Paz.
–Bueno sí, yo soy Jorge Rodríguez, su esposo. Pues, sí hace tiempo que tenemos a la perrita, pero fue hasta hace unos días que un conocido nuestro fue por allá y nos dijo que la seguían buscando. Nosotros vivimos muy lejos, tenemos un rancho en Zacatlán de las Manzanas (Pue) y pasamos largas temporadas aquí. Ahora venimos a fumigar nuestras manzanitas. Nosotros la recogimos en la carretera, allá en la federal de México-Cuernavaca…
–Sí, ahí fue dónde se perdió…, en Parres.
–Ándele, ahí mero…, no sé, ya ni me acuerdo, por áhi del 23 o 24 de enero. Estaba lastimadita, como si se hubiera caído de un coche. La vimos bonita…, es una pastora “golondrino”…
–¿Qué es eso?
–Bueno, así le decimos aquí a las que tienen más color amielado y con un poco de negro con cano…, es grande, de buen tamaño.
–Sí, sí, así es la mía (dijo la dueña).
–Pues es una perra de tamaño grande, tiene un problema de displasia; por eso cojea un poquito… hasta le tuve que inyectar cortisona dos veces porque se ve que le dolía, y entonces se puso bien.
–Parece que usted sabe de animales…
–No…, pues soy doctor, soy médico internista en una clínica de por acá y me dedico especialmente a los diabéticos. Pues, aquí la hemos cuidado mucho. Le voy a ser sincero, yo la quería para cruza, pero luego me di cuenta que está operada y ya no pude…
–Sí, está operada. Oiga, ¿y le puede poner el teléfono en su orejita para que me escuche?
–Sí, claro que sí, como no, ahorita la llamo.
Y luego como dirigiéndose a ella
–A ver tú, ven, “sit”, “sit”, ven acá, “sit”… Es muy entendida, como si estuviera entrenada.
–Sí, está entrenada.
Acto seguido, acercaron el teléfono a un perro. Cuando la dueña sintió que el teléfono estaba cerca de su oreja, comenzó a llamarla por su nombre, como solía hacerlo: “Awi, Awi, mi bebé, ¿cómo estás Awi?”. La dueña comenzó a escuchar un jadeo y no pudo más…, rompió en un interminable llanto. El hombre al otro lado de la línea, reaccionó y le dijo que no se pusiera así, que le iba a pasar a su esposa. La mujer, al contestar, le dijo fríamente: “Señora, cálmese, así no se puede arreglar nada”, y le devolvió el teléfono al señor.
–No se ponga así. Pues seguro que sí es su perra porque con nosotros no reacciona así cuando la llamamos. Nosotros le decimos “La loca”…¿cómo se llama?
–Awi…(llorando)
–Pues sí, así le llamamos, pero no reacciona como ahorita, nada más la oyó y paró sus orejitas y movió la cola… Mire lo más que yo puedo hacer es ir a ver a un amigo chofer que tengo en San Martín (mañana mis hijos bajan a la ciudad)…
–¿A la Cd. De México?
–No, aquí en San Martín Texmelucan, y pedirle que se lleve a su perrita en autobús a México. Yo vería la manera de que la llevara arriba, para que vaya cómoda…
–Ay, señor, yo se lo agradecería mucho, pero yo no quiero exponer a mi perrita nuevamente.
–No, no habría ningún peligro…
Y comienza la presión psicológica:
–Oiga, pues yo le voy a pedir que me hable mañana, porque aquí la familia ya me está poniendo caras largas, mis nietos, mi esposa…, es que ya todos están muy encariñados con la perrita…
–Pues sí, lo entiendo pero yo la he buscado por mucho tiempo, era como mi hija.
–Pues déjeme ver, porque aquí ya es como de la familia. Nos sentamos a ver la televisión y aquí está ella siempre a nuestro lado. Yo voy mucho al campo y ella siempre está conmigo. Pero, no sea malita, le pido que me hable mañana como a las nueve, voy a hablar con ellos, a ver cómo lo arreglo. Me voy a aventar una bronca pero…, bueno, es que yo sí le advierto algo: yo no les puedo hacer daño a mis nietos; y sí le digo de una vez que si ellos se oponen, yo no voy a poder hacer nada, y ya ni le voy a hablar más ni tampoco le voy a contestar el teléfono si usted me llama.
–Está bien, discútalo con su familia, pero cuando hable con ellos, dígales que yo la crié desde que tenía 5 semanas, que por acá ha estado siempre su casa y que también la queremos y la extrañamos mucho; es más, si es por sus nietos, yo puedo ofrecerle un cachorro o cachorra (en esta búsqueda me han ido ofreciendo varios)…
–No, no, señora, si yo tengo perros; allá en Veracruz, donde tenemos otro rancho, tengo dos, y uno acaba de tener crías, lo que pasa es que mi familia ya se encariñó con esta perra. Pero hábleme mañana, por favor.
–Oiga, una pregunta, ¿cuándo encontraron a mi perra llevaba collar?
–Sí, uno azul, pero ya no lo tiene. Nosotros le compramos una pechera porque la queremos mucho.
–Está bien, le hablo mañana. También le digo que nosotros estamos ofreciendo una recompensa.
–No, señora, si no lo hago por eso, lo único que le pediría es el gasto del envío, pero, en fin, hábleme mañana.
Y así termino la conversación telefónica. La dueña, conmocionada y a la vez confundida no paraba de llorar al lado de su familia, ¿para qué le habían llamado si no estaban seguros de regresarla?
La familia entera comenzó a elucubrar muchas cosas ¿Y no será una trampa? No era posible, pues era demasiada y muy precisa la información que daban, información que no se había puesto en los miles de carteles que se habían pegado en el pueblo de Parres. Además, no estaban pidiendo ni el $ de la recompensa.
No hace falta decir que la dueña, completamente vulnerable, y ante tanta información, estaba convencida de que se trataba de su perra y sólo estaba muy angustiada por el hecho de que se arrepintieran y no se la regresaran. Aún así, tratando de recobrar la calma, pensó que debía saber enfrentar cualquier situación: finalmente ya había empezado a hacerse a la idea de no volver a ver a su perrita y tampoco era su intención hacerle daño a unos niños que se habían encariñado con ella, lo que, como le dijo su familia, era comprensible después de tanto tiempo. Llegaron a la conclusión de que no parecían malas personas y que había que pensar positivamente.
El día siguiente, domingo 19, fue verdaderamente tortuoso. La dueña llamó cerca de las 10:00 de la mañana. Lo primero que le dijo al señor fue:
–Yo no entiendo que fue lo que pasó ayer. Creía que me habían hablado para regresarme a mi perra, pero parece que esto creó un conflicto y yo no quiero forzar nada.
–No, no, si sí la queremos regresar, pero a la mera hora la familia se puso muy triste, y ya me agarré un pleito por esto. Ellos insisten pero ahorita estoy esperando a mis hijos para que me apoyen, porque yo quiero arreglar esto ya, se tiene que resolver hoy mismo, porque yo no voy a dejarlo para mañana, el lunes o el martes, y ver que mi familia sufre; no, no me parece justo para ellos. Déjeme seguir platicando. Llámeme en unas tres horas, como a la una, a ver si ya le puedo dar una respuesta del autobús.
Volvió a marcar a la 1:30 PM. El señor le dijo:
–Ya se arregló todo; la perrita se va en ADO, me dijeron que llegaría a la estación que está en San Lázaro, algo así como la TAPO. Ya hablé con mi amigo, viajaría como lazarillo para poder ir arriba en una jaula que ya le compré, una muy cómoda que tiene como colchoncito abajo. Sale de Puebla en la corrida de las 4:00 PM. Ya estamos adelantados porque ya bajamos a San Martín, como en una hora llegamos a Puebla.
–Ay, señor, no sabe cuánto le agradezco…
–No, pues así deben ser las cosas. Dejo muy triste a mi familia, pero ante todo somos cristianos, y lo que no es nuestro, no es nuestro.
La dueña, totalmente convencida de la historia, le preguntó que si alguien iría con la perra o si debía depositar algo y a dónde, a lo que el “doctor” Jorge Rodríguez contestó:
–No, nadie va con la perrita, y yo, pues, sólo quiero lo que gasté: $1,150.00 de la jaula y $332.00 del envío…, a ver, déjeme ver, sería… “¿Cuánto es hijo…?” (como dirigiéndose a otra persona), pues son $1, 482.00 en total. El número de cuenta es 100-109-07-638 en BanCoppel a nombre de Karen Paz Gutiérrez. También voy a necesitar el nombre de la persona a quien va dirigido el envío y que deberá recoger con identificación a la perra. Llámeme cerca de las 4:00 para que le dé el número de guía, el número de la unidad y el nombre del conductor. Los banCoppel cierran a las 6:00 de la tarde.
Entre tanto, la dueña, con un poco de duda por lo que sus familiares y algunos amigos le dijeron, buscó la clave LADA del celular de estas personas. Descubrió que la clave 868 correspondía a un poblado llamado Sta. Adelaida, Tamaulipas. Le extrañó y empezó a buscar por teléfono e Internet información sobre las corridas de ADO de Puebla a México y de la posibilidad de que viajen mascotas en la parte de arriba. Supo que sí se podía, pero sólo en calidad de “lazarillo” (lo mismo que el “doctor” había dicho), pero con una particularidad, que la mascota, abajo o arriba, debía ir acompañada. Esto la hizo dudar más, pero se acordó que el señor había dicho que se trataba de un arreglo personal con su amigo, el chofer. Otro dato que la extrañó en todo esto, fue que descubrió en sus averiguaciones es que los domingos no hacían mensajería.
Total, la dueña y su esposo corrieron a buscar un BanCoppel para hacer el pago. Ya con cierta duda, depositaron sólo $300.00; les parecía que no habría problema con estas personas que estaban actuando “de buena fe” y esperar a ver a su perrita para verificar que realmente era ella. Depositarían al día siguiente el resto, y aún más, por la “generosidad” de estas personas, que no tenían ningún interés monetario, quienes cariñosamente habían acogido a su perrita y a quienes les estaba doliendo mucho dar este paso. Cerca de las 4:00 PM., la dueña volvió a marcar el número. Sobre el fondo de un gran bullicio propio de una estación de autobuses, contestó el señor mostrándose alterado, diciendo:
–Ya vi en la cuenta y no hay nada.
–Si, sí le deposité $300.00, porque con las prisas y no estando en mi casa no junté todo el dinero, pero no tenga duda de que le voy a pagar todo mañana.
–Pero eso me lo hubiera dicho antes, eso no es lo que gasté, y no es justo.
Y, entonces, colgó. La dueña se congeló. Totalmente angustiada por pensar que se le escapaba la posibilidad de recuperar a su mascota, volvió a marcar. Dos veces no le contestaron. A la tercera vez contestó una mujer diciendo, con el llanto en la garganta:
–Es que no es justo, señora, mi papá es un señor de 70 años, tuvo que bajar del pueblo para comprar la jaula, se ganó un disgusto muy grande con mi mamá por regresarle a su perra, no es justo lo que está haciendo… (y rompe en llanto abierto).
La dueña, desesperada viendo que estaba perdiendo completamente la oportunidad esperada tantos meses, le respondió a la mujer del teléfono:
–Pero es que su papá no me dejó terminar, yo sí pienso depositar lo que me pide, pero eso era lo que tenía ahorita, y estoy viajando a la Cd. de México.
–Pues, hable con él; ahorita ya se fue a cancelar el envío. Márquele de nuevo.
Los dueños, dispuestos en este punto a dar lo que se les pide, piensan que vale la pena arriesgarse, y volvieron a marcar minutos más tarde. El señor le contesta ya más tranquilo, con voz de resignado:
–Es que si me hubiera dicho que no tenía dinero, yo no habría hecho todo lo que hice; me enojé con mi esposa, mis nietos están tristísimos y usted me hace gastar lo que no tengo.
–Pero, señor, es que sí le voy a pagar, espere un rato a que consiga el resto; además pienso darle más por los cuidados que le ha dado a mi perrita.
–No se trata de eso, yo sólo quise hacerle un favor y lo único que le estoy pidiendo es lo que gasté. Bueno, pues vaya a depositar, luego me llama y ya le doy el número de guía.
Los dueños ya no tuvieron duda: tenían que depositar todo y, sobrecogidos y con sentimientos de culpa, decidieron depositar $500.00 más de lo que les estaban pidiendo, un poco como muestra de agradecimiento y otro tanto por el miedo que para entonces ya les habían infundido. Una vez hecho esto, volvieron a llamar. El señor (fingiendo que no había checado la cuenta y que ya lo habíamos amolado) dijo:
–Su perra ya abordó el autobús. Ya ni modo.
–Señor, cheque su cuenta ya le depositamos todo y hasta más.
–Bueno, pues el número de guía es el 1268199702, el número de la unidad es el 1550 y el nombre del conductor es Rafael Vázquez. Va a llegar a San Lázaro; salió en el autobús de las 4:30 PM y llegará a México a las 7:30 de la noche. Viaja en una jaula, lleva una pechera, una correa, un collar de castigo que no lleva puesto y dos juguetes, un hueso de carnaza y una pelota con picos, de esos que son buenos para sus dientes.
–¿En ADO?
–No, en Estrella roja.
Eso disipó las dudas que surgieron cuando, por teléfono, hicieron averiguaciones en el ADO. ¡Claro, se trataba de otra línea de la que no habían averiguado nada!
–Ok, señor, no sabe cuánto le agradecemos.
–Pierda cuidado.
Lo que siguió fue la prisa por llegar a tiempo a la TAPO, al rencuentro tan ansiado con su mascota perdida. No sin algo de temor, los dueños fueron acompañados de otros familiares y amigos.
En una estación tan grande y complicada, los dueños buscaron y buscaron, hablaron con diversas personas de diferentes líneas y, después de varias horas de ir de un lado al otro, se dieron cuenta que habían sido víctimas de una extorsión: la perrita nunca llegó a la estación. Todos los datos que había dado “el doctor” eran falsos. Totalmente exhaustos y con el corazón destrozado, los dueños regresaron a su casa con la misma tristeza que les había causado el extravío de su perrita seis meses antes.
Al día siguiente todavía no podían creer que todo aquello había sido una mentira; sin lugar a dudas se trataba de unos profesionales: el juego psicológico, el manejo de tanta información tan detallada del animalito, la prisa con la que tenían que hacerse las cosas por no correr el riesgo de que se arrepintieran, la actitud “desinteresada” de no querer nada de recompensa.
Los dueños pensaban, ¿cómo podía tratarse de una estafa por tan poco dinero? Y entonces comienza el terror, la paranoia: ¿Y si sólo era un gancho para reunirlos en un punto y observarlos?, ¿y si los habían seguido?, ¿y si más adelante estudiaban el nombre de la persona que recogería a la perrita y lo extorsionaban de una manera más violenta?
En la mañana del martes 21, los dueños se pusieron a buscar en Internet el único dato certero que tenían de esas personas: el nombre de la dueña de la cuenta en la que habían depositado dinero. Para su sorpresa, encontraron una historia de extorsión similar, ocurrida en Sinaloa el pasado mes de febrero. Los datos del banco y el número de la cuenta, el nombre de la titular de la misma, el nombre del “doctor”, el cuento de que no querían dinero, que sólo lo invertido en “la jaula que tuvieron que comprar”, etc., eran exactamente los mismos (http://www.urbanfreak.net/showthread.php?t=3564&page=63, anuncio No. 1251). Fue entonces que la mínima duda que quedaba de que esto hubiera sido una estafa se disipó y, entonces, al saber que esas personas nunca habían tenido a la perrita y que ella nunca había corrido ningún peligro, se recobró la tranquilidad, pero, claro, con el sabor de boca amargo y la mucha tristeza renovada, además de el enorme disgusto contra ese tipo de extorsionadores que explotan los sentimientos de la gente para obtener dinero fácil.
Ahora sólo quedaba saber cómo habían obtenido tanta información. Recordaron, entonces, los anuncios que habían puesto en algunos sitios de Internet dirigidos a recuperar mascotas perdidas. Justo la semana anterior a los acontecimientos narrados, habían “resaltado” uno de los avisos que ya había caducado, lo que significaba que aparecería al principio de la lista durante algunos días. Lo revisaron y se dieron cuenta de que TODA la información usada por los extorsionistas estaba ahí al detalle: http://bjuarez.olx.com.mx/pastora-alema ... d-34309017
Posteriormente, pudieron averiguar que la tal doctora, Karen Paz Gutiérrez, tiene su domicilio en Matamoros, Tamaulipas, al igual que la sucursal BanCoppel de la cuenta usada. Sin tener que moverse, los señores “doctores”, con ayuda de la información expuesta en Internet y otros medios de comunicación, se ganan la vida extorsionando a personas, aprovechándose de la tristeza que a algunos les causa la perdida de un animal querido, ya sea en Coahuila, en Puebla o en el D.F.
Esto está escrito para toda la comunidad con el fin de que todos se enteren de esta especial modalidad de extorsionar a la gente. Se dirige principalmente a todos aquellos que aman a los animales y que por desgracia han perdido a su mascota.
Amigos: por más amor que le tengan a sus animalitos ¡no caigan en las garras de estos rateros! Solicítenles pruebas fehacientes de que tienen a su mascota, como por ejemplo, fotografías que no hayan aparecido en la propaganda que ustedes repartieron. No dejen que se adueñen de la situación, no permitan que les restrinjan el tiempo y exijan que el intercambio sea cara a cara (en un lugar público, para mayor seguridad). No se dejen engañar por la información que les dan, verifiquen antes las posibles maneras que hayan tenido para obtener esa información; tampoco se guíen por su tono, lastimero o amenazante, y el supuesto desinterés; se trata de profesionales sin escrúpulos y sin pizca de bondad.
Esta no es una historia ficción. Está escrita como si lo fuera, con muchos detalles y hasta con diálogo, porque tiene como propósito alertar a todas aquellas personas que pueden ser víctimas de extorsión. Es el relato de un hecho que verdaderamente aconteció y que, si bien se refiere a la pérdida de una mascota, igualmente pudiera ejemplificar los métodos de chantaje sentimental, miedo y hasta terror a los que pueden acudir los extorsionadores en casos de secuestro de personas abusando de la buena fe y la esperanza de sus familiares.

Tengan mucho cuidado y si conocen a alguien que acaba de perder a su perro, no duden en comentarle.
Fernando :mm:
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