ahi te van 2 para inagurarlo espero lo publiques gracias

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Notapor shadany » Mié Dic 21, 2005 5:55 pm

Diario de un Perro

Esta es un historia que ha dado la vuelta al mundo, trata de lo sufrida y terrible que puede ser la vida de un perro, leanla por favor.

Una semana: Hoy hace una semana que he nacido. Qué alegría haber llegado a este mundo.

Un mes: Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.

Dos meses: Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta y con sus ojos me dijo adiós. Espero que mi nueva familia humana me cuide tan bien como ella me ha dicho que harán.

Cuatro meses: He crecido rápido, y todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como hermanitos. Somos todos muy inquietos, ellos me tiran del rabito y yo les mordisqueo jugando. Nos divertimos mucho.

Cinco meses: Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice pipí dentro de casa, pero nunca me habían dicho dónde hacerlo. Además duermo en un cuartito...y ¡ya no aguantaba más!

Ocho meses: Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar, y me siento tan seguro, tan protegido...Mi familia humana me quiere y me deja hacer muchas cosas. Cuando están comiendo yo les pido algo y siempre me lo dan. Y el jardín de casa es estupendo, y puedo escarbar como mis antepasados los lobos, escondiendo la comida. Creo que nunca hago nada mal porque nunca me dicen nada...

Doce meses: Hoy cumplí un año. ¡Soy un perro adulto! Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Seguro que se sienten orgullosos de mí...

Trece meses: Que mal me sentí hoy. Mi hermanito, uno de los niños, me quitó la pelotita. ¡Yo nunca le quito sus juguetes! Así que se la quité, pero mis mandíbulas se han hecho fuertes y le hice daño sin querer. El gritó y lloró y yo me sentí muy triste. Después del susto me encadenaron casi sin poder moverme. Hacía mucho sol y tenía mucho calor y no había agua cerca...Y les oí decir que iban a tenerme en observación o algo así, y que soy un desagradecido. No entiendo nada.

Quince meses: Ya nada es igual. Vivo en la azotea y me siento muy solo. No se por qué mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed, y cuando llueve no tengo ningún techo para cobijarme.

Dieciséis meses: Hoy me bajaron de la azotea. Me puse muy contento de que me perdonaran, y daba saltos de gusto, y movía el rabito como nunca. ¡Y además me van a llevar de paseo! Monto en el coche y espero a ver a dónde me llevan, tengo muchas ganas de correr y jugar con mi familia. Paramos, abrieron la puerta y yo me bajé feliz. Estábamos en la carretera, al lado de un campo y pensé que pasaríamos un día estupendo. No entiendo por qué cerraron la puerta y se fueron. ¡Esperadme!, les grité, ¡Os olvidáis de mí! Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas, muy angustiado, iba viendo que no podría alcanzarles, que no podía correr más y el coche se iba haciendo pequeñito. Me habían olvidado.

Diecisiete meses: He intentado encontrar el camino para volver a casa y no lo he conseguido. Estoy perdido. A veces me encuentro con gente buena que me mira triste y me da algo de comer. Yo les doy las gracias con la mirada, y les digo que querría que me adoptaran, que les prometo ser leal como nadie...pero sólo dicen "pobre perrito, se debe haber perdido". Y se van y me dejan sólo otra vez.

Dieciocho meses: Es otro día pasé por un colegio y vi a muchos niños como mis antiguos hermanitos. Me acerqué y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras, "a ver quien tiene mejor puntería", decían. Una de las piedras me dio en un ojo y ya no veo con él.

Diecinueve meses: Ahora ya no se me acerca casi nadie, creo que es porque ya no soy un perro bonito. Estoy muy flaco, perdí mi ojo, tengo alguna herida de algún perro más fuerte que me mordió cuando intentaba comer y hace mucho que nadie me cepilla el pelo. La gente no me acaricia. Últimamente lo que abundan son los escobazos que me dan cuando intento dormir un poco a la sombra de alguno de sus porches.

Veinte meses: Casi no puedo moverme. Hoy intenté cruzar la calle por donde pasan coches y uno me atropelló. Aunque yo creo que estaba en un lugar seguro...y no olvidaré la mirada de satisfacción del conductor que hasta se ladeó con tal de darme...Si me hubiera matado...pero que va, sólo me dislocó la cadera y el dolor es horrible. Mis patas traseras no se movían, así que con mucha dificultad me arrastré hacia el borde del camino, donde había un poco de hierba.
Llevo diez días bajo el sol, la lluvia y el frío, sin comer. Ya no me puedo mover nada, el dolor es insoportable. Me siento muy mal, cuando llovió se hizo un charco donde yo estaba y como no podía moverme estuve mojado muchísimo tiempo, y creo que mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa sin verme, otros me dicen "no te acerques"...¡pero si ni me puedo mover!

Ya casi estoy inconsciente, pero una fuerza extraña me hizo abrir los ojos. Una mujer muy dulce me decía "pobre perrito, cómo te han dejado". Junto a ella venía un señor de bata blanca, que empezó a tocarme y dijo "lo siento señora, pero esto ya no tiene solución, es mejor que deje de sufrir". A la señora se le saltaron las lágrimas y asintió, y como pude, moví el rabito agradeciéndole que me ayudara a descansar. Sentí un pinchazo de la inyección y me dormí mientras ella me acariciaba la cabeza, pensando porqué tuve que nacer si nadie me quería.

¿COMO PUDISTE?

Cuando era cachorra, te hacía reir con mis gracias y mis travesuras y te llenaba de alegría. Me decias que era tu bebé y a pesar de algunos zapatos masticados y algunas almohadas deshechas jugando juntos, me convertí en tu mejor amiga.

Cuando me portada "mal" agitando tu dedo cerca de mi carita me preguntabas ¿Cómo pudiste? pero de inmediato sonreías, me ponias de panza y me rodabas en el suelo y me acariciabas.

Mi entrenamiento para ser limpia tardó un poquito más de lo esperado porque siempre estabas ocupado, pero juntos trabajamos y lo conseguimos.

Recuerdo aquella noche que olfateándote en la cama, escuchando tus confidencias y sueños secretos, pensé que no podría existir nada más hermoso y perfecto que mi vida a tu lado.

Dábamos largas caminatas, corríamos en el parque, hacíamos paseos en el coche y nos deteníamos para tomar un helado del cuál solo me tocaba el cono porque me convencías que el helado no era "bueno" para los perros; y luego tomaba largas siestas en el sol esperando tu regreso a casa al fianl del día.

Poco a poco empezaste a pasar más tiempo en el trabajo y en tu carrera y más tiempo aún buscando una pareja humana. Te esperaba pacientemente, te consolaba en tus tristezas y desilusiones y era una explosión de alegría cuando volvías a casa; y cuando te enamoraste de ella me sentí igual de feliz, ahora es tu esposa y no es una "amante de los animales", sin embargo, le di la bienvenida a nuestra casa, trate de mostrarle afecto y siempre la obedecí , después llegaron los bebés humanos y compartí tu emoción.

Me fascinaba su piel rosada, cómo olían y deseaba también brindarles mi amor maternal, sólo que tú y ella temían que yo los pudiera lastimar... Por lo que pasaba la mayor parte del tiempo alejada en una jaula.

¡Cuánto deseaba amarlos!

Cuando empezaron a crecer me convertí en su amiga. Se colgaban y jalaban mi piel, se montaban en mí y me picaban los ojos con sus deditos y hasta me daban besos en la nariz.

Ahora se te presentó la oportunidad de una nueva carreraen otra ciudad y tú y ellos se mudarán a otro departamento en donde no permiten mascotas. Tomaste la decisión correcta para tu familia. Aunque hubo un tiempo en que YO era tu única familia.

Me emocioné y me sentí feliz en el paseo en coche contigo, hacía mucho tiempo no lo repetíamos hasta que llegamos al asilo de animales. Olía a perros y gatos, a miedo y desesperanza. llenaste unos papeles que te entregaron y dijiste: "sé que le encontrarán una buena casa".

Ellos sonrieron tristemente y me miraron con pena, conocían la realidad a la que se enfrenta una perra adulta, aún "cuando tengas papeles". Tuviste que arrancar los dedos de tu hijo para que soltara mi collar al tiempo que gritaba "NO PAPA, ¡NO POR FAVOR NO DEJES QUE SE LLEVEN A MI PERRITA!" Y yo me preocupé por él, y por las lecciones que le habías enseñado acerca de la amistad y la lealtad, acerca del amor y la responsabilidad acerca de el respeto a toda expresión de vida.

Me tocaste apenas la cabeza y evitaste mi mirada. Tenías una fecha límite que cumplir y ahora, yo también tenía una. Cuando te alejaste, las dos amables personas comentaron que probablemente tú sabías del cambio hacía muchos meses y no hiciste ningún intento por encontrarme un buen hogar. Movieron tristemente la cabeza y se preguntaron ¿COMO PUDISTE?

Aquí en el asilo nos atienden hasta donde les es posible. Desde luego que nos alimentan, pero yo perdí el apetito hace muchos días. Al principio cuando alguien pasaba cerca de mi jaula, corría al frente esperando que fueras tú, que habías cambiado de idea, y que todo esto era sólo una pesadilla, o bien, esperaba que, tal vez alguien se compadeciera y me salvara.

Cuando me di cuenta que no podía competir con la alegría con la que llamaban la atención los cachorritos felices, ignorantes de su propio destino, me retraje a una esquina lejana y esperé.

Escuché sus pasos cuando aquella persona vino hacia mí al final del día y recorrí el pasillo junto a ella hacia un cuarto separado.

Un cuarto tranquilo y silencioso. Me puso sobre la mesa y frotó mis orejas y me dijo que no me preocupara. Mi corazón latió presintiendo lo que iba a ocurrir, pero al mismo tiempo tuve una sensación de alivio. A la "prisionera de amor" se le habían acabado los días.

Gentilmente colocó un torniquete en mi pata al mismo tiempo que una lagrima corría por sus mejillas.

Lamí su mano en la misma forma que solía hacerlo cuando trataba de consolarte a ti hace muchos años.

Con mucho cuidado deslizó la aguja en mi vena. Cuando sentí el piquete y el frío líquido recorriendo mi cuerpo, me recosté somnolienta, miré a sus ojos generosos y murmuré ¿COMO PUDISTE?

Tal vez porque entendió mi lenguaje de perro, dijo ¡Lo siento mucho!

Me abrazó y nerviosamente explicó que su trabajo era asegurarse de que yo fuera a un mejor lugar, un lugar en donde ya no pudiera ser ignorada, agredida ni abandonada, ni tendría que luchar por mí misma, un lugar de amor y luz, tan diferente de este mundo.

Y con el último aliento de energía traté de dirigirme a ella con un ligero movimiento en mi cola para decirle que mi ¿COMO PUDISTE? No iba dirigido a ella, iba dirigido a ti, "Mi querido Amo".
Amo a mi perrita sarabi
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